Bueno, los ultimos avances de la semana van como sigue.
Pepez murió como llegó al mundo, como un héroe. El gusto de un pececito dorado me duró menos de lo que me ha durado limpio un vestido... osea casi nada.
Ni modo... dicen por ahí que los peces mueren rápido, eso no quiere decir que no me lleno de tristeza su muerte aunque si lo ví venir. Sabía que al pececito no le iba a hacer bien que se quedara sólo durante los días que me fui a Barcelona.
Ahora, mientras Pepez agonizaba en Paris y daba su última vueltita a la pecera, pos yo le daba el rol a la bella ciudad de Lisboa y luego a Barcelona.
Lisboa, como todas o casi todas las ciudades de la peninsula ibérica tiene un aire mexicano, más bien es al revés, pero para mí, mexicana hasta el hueso, pues no puedo evitar sentirme tan cómoda en una ciudad como esa. Las especialidades portuguesas no son increíbles, pero debo de admitir que el Porto me gustó mucho mucho, sobre todo el pequeño bar donde tuve la oportunidad de probarlo.
Conocí Sintra, que valía mucho la pena a pesar de la subida asesina a pie de la montaña (y en chanclas... pffff!). Me dejé convencer por la motivación de mi amigo y pense para mis adentros que una buena aventura nunca debe de rechazarce... no fue una gran idea de mi parte.
Después de eso me dí una vuelta por Barcelona, y el fin de semana pasado por Viena, pero para saber sobre esos dos viajes, habrá que hacerlo con más tiempo... por ahora eso es todo.